"Tu cuerpo es templo de la naturaleza y del espíritu divino.
Consérvalo sano; respétalo; estúdialo; concédele sus derechos".
Amiel, Henry F.
"Mueve los esfínteres", me dijo en una clase un profesor de pantomima. "Dios mio", me dije. "Qué son los esfínteres?... son los que están en...¡ay !". Intentaba encontrarlos y localizar a esos benditos esfínteres, sabía que se encontraban escondidos por algún lugar de allá atrás, pero nada más.No los sentía. Pasó toda la hora y seguía sin encontrarlos hasta que...¡Por fin!, pude moverlos. Lo único malo es que después de esa victoria vino la verdadera guerra, cuando los moví y los abrí ya no supe ni pude cerrarlos de nuevo. El resultado: una diarrea de casi una semana. Nunca había explorado de esta forma mi cuerpo y era fascinante, a pesar de los pequeños "altibajos" que esto acarreaba.
Para la mayoría de gente, la palabra es lo que más comunica y solo por este medio nos podemos entender bien. Pues era lo que yo pensaba hasta que hace cuatro años entre a seguir talleres de teatro. Esa fue mi primera exploración en cuanto al cuerpo. Ahí aprendí que el cuerpo posee su "propia inteligencia" y al ser un instrumento y el medio por el cual nos relacionamos con el exterior lo debemos cuidar y respetar; pero por sobretodo perderle el miedo. Antes de entrar a teatro no me gustaba que nadie me tocase, incluso cuando mis amigos más íntimos se me acercaban me sentía incómoda. Todo estaba en relajarme y soltar, indagar con mi cuerpo, conversar con él, observarlo y ver cómo se comportaba con los demás. La comunicación no verbal o gestual me fascinó, con el cuerpo no se puede mentir y muchas veces uno entiende inconscientemente lo que el cuerpo de la otra persona nos está diciendo. Por eso sentimos incomodidad ante cierta gente y en realidad no sabemos por qué.
La observación y el trabajo que realizaba con mi cuerpo me hicieron comprender lo que comunicaba en ciertas ocasiones; como cuando ,mientras mis palabras decían "si quiero hacerlo", "estoy dispuesta", mis brazos estaban cruzados y mi postura era tan cerrada que mi cuerpo contradecía a mis palabras.
Nuestro cuerpo es el que más sufre los maltratos de la cotidianidad, las malas posturas, nuestras actitudes y pensamientos se van alojando en algun rinconcito y cuando no les tomamos en cuenta se empiezan a expresar como dolor. Como me decían en la escuela de pantomima: se podría decir que el cuerpo es como un equipo de sonido con los cables puestos en otro lugar y las piezas maltratadas y cuando uno empieza a descubrirlo es como ir colocando cada cosa en su lugar, cada cable, cada pieza, e incluso "elementos" que no sabíamos que teníamos.
La experiencia de conocer y aprender acerca de las distintas formas de comunicación de nuestro cuerpo es ilimitada. Tras años de hacer teatro mi cuerpo se ha ido abriendo y a veces, me he sorprendido estando sentada y estirando las piernas y el cuello sin darme cuenta; siento que el cuerpo se me había dormido y otra vez despertó. El despertar del cuerpo es como un mar lleno de sorpresas, porque lo dejas vivir por él mismo nuevamente; ya no están esas restricciones y prohibiciones con las que mantenemos al cuerpo cerrado y siempre a la defensiva; ya no está dominado bajo el yugo de nuestra mente y empieza a tomar vida por sí solo. Y la verdad es que contagia de nueva vida a todo nuestro ser y empezamos a ver con otros ojos a los otros, nos acerca más a ellos. Estaría bueno dejar de alimentar tanto nuestra mente y empezar a desarrollar la inteligencia corporal que tanta falta nos hace.