Escritos



El azar de Darwin

Quien diría que un niño de cuatro años, travieso, y para muchos malcriado, que le gustaba recolectar piedras y formar pequeños ecosistemas en baúles, cajones e incluso bolsillos del pantalón sería el científico que revolucionó las ideas sobre el origen de la humanidad. Este niño, que según profesores y algunos familiares no prometía mucho, es Charles Robert Darwin. Nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewshury, Shropshire, Inglaterra. Fue el quinto hijo de una familia inglesa rica y sofisticada. Su madre murió en 1817, cuando él tenia 8 años y su padre era un médico renombrado.
Le gustaba caminar solo durante horas, no era bueno con la música ni con la pintura y peor con los idiomas, pero su curiosidad era infinita. Cuando niño llegó a sus manos un libro acerca de las maravillas del mundo que le dejó el gusto de conocer y viajar a países remotos. A los 16 años entró a estudiar medicina por influencia de su padre y salío dos años después por falta de interés. Su progenitor le convenció para hacerse clérigo, acto curioso considerando la crítica que tuvo Darwin de la Iglesia. “Nada me daba más placer que recolectar escarabajos” son las palabras clave que hicieron a Charles estar tres años en manos sacerdotales y abandonar los estudios bíblicos por los naturales, en un viaje que no sólo le cambiaría la vida a él, sino al resto del mundo.
El azar, tanto en su teoría de la evolución, como en su vida, fue un ingrediente esencial para cocinar sus ideas. Su amistad con el profesor Henslow, un gran conocedor de botánica, entomología, química, mineralogía y geología hizo que la casualidad recurra a sus conexiones inexplicables para que Darwin, a la edad de 22 años, se embarque en un viaje alrededor del mundo en el Beagle.

Darwin, el sabueso

Beagle es el nombre de una raza canina cazadora y muy curiosa bastante conocida en Inglaterra. También es el nombre del barco en el que Darwin viajó por el mundo por casi cinco años. Ambos sabuesos se juntaron para explorar el origen de las especies, zarpando el 27 de diciembre de 1831. Cuando el capitán del barco, Fitz-Roy, conoció a Darwin casi no lo acepta por la forma de su nariz. Según un amigo del capitán, conocedor del carácter de las personas por la forma de sus rasgos, decía que la nariz darwiniana no podía tener la energía suficiente y la determinación para tan arduo viaje. Por suerte, la persona que había previsto Fitz-Roy para reemplazar a Darwin no pudo y tuvo que darle el puesto a él. Para esto, Darwin ya había empezado a sentir palpitaciones y dolores del corazón, asunto que no consultó a nadie por miedo a perder la oportunidad del Beagle, condición que lo terminaría matando 51 años más tarde. Fue su encuentro con muchos lugares y por sobre todo, las Islas Galápagos, la base estructural para su teoría de la selección natural y la evolución.
La sistematización en su vida no tenía límites, incluso para casarse con su prima Emma, Darwin hizo una lista con los pros y los contras de esta relación. Parece que la balanza pesó más en las buenas razones, pues tuvieron una feliz vida marital y engendraron a diez hijos. Observar y recolectar fueron las grandes armas con las que Darwin contó para desarrollar su vida y sus teorías, así que la próxima vez que vea a un niño recogiendo piedras o insectos, obsérvelo bien, podría ser el siguiente gran científico que necesita la humanidad.
Fuentes:
·       Darwin, Charles,Autobiografía, Alianza Cien, Madrid,1993.
·       Watson Peter, Ideas, historia intelectual de la humanidad, Ed. Egedesa, España, 2009.
·       Sarukhan Jose, Las musas de Darwin, en: http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen2/ciencia3/070/htm/lcpt70.htm (acceso:16 de marzo, 2010)