lunes, 2 de agosto de 2010

Entre zapatillas y cirugías plásticas


Príncipes, carrozas, animales que hablan y madrastras son algunos de los ingredientes de los cuentos de hadas. Historias conocidas por todo el mundo a través de dos de sus más conocidos autores: los hermanos Grimm. Según cuentan, estas historias fueron cambiadas con el pasar de los años porque, en realidad, estaban dirigidas a adultos. Relatos que siguen la línea de los cuentos que nos han  llegado, solo que con enseñanzas más fuertes y episodios truculentos. Según la Dra. Nadie Alves, estudiosa de los cuentos de hadas, en la historia de la Cenicienta, cuando el príncipe busca el pie de su amada con ayuda del zapato olvidado; las hermanastras de ella toman la posta y quieren engañarlo al decir que la zapatilla les calza a ellas. Según la versión original del cuento una hermanastra logra encajar en la zapatilla cercenándose el talón. El príncipe convencido de su hallazgo, chapotea de felicidad, al haber encontrado por fin a su media naranja. Sus ojos no pueden creer cuando encuentra un charco de sangre alado de la zapatilla y se da cuenta del horror: la mujer se había cortado el tobillo para encajar en el calzado. De esta forma, el príncipe deja a la hermanastra y busca a la Cenicienta hasta encontrarla.

Al parecer este corto episodio, que muchos “editores” extrajeron del cuento por su futilidad y crudeza, no tendría nada que decirnos a los ciudadanos del mundo en pleno siglo XXI. Si escarbamos un poco más profundo podremos encontrar la validez de su mensaje: cortarse para encajar en un molde. ¿Traen estas imágenes algo a nuestra memoria? Sí. ¿Acaso no son las cirugías plásticas actuales, con las que muchas personas sanas arriesgan sus vidas, una búsqueda de “encajar” en un tipo de zapatilla o molde, un estándar de belleza impuesto externamente?

No hay nada de malo en querer verse bien, cuidar del cuerpo y llevar una vida saludable. El ejercicio, una buena dieta y la aceptación de nuestro cuerpo tal y como es son estandartes claves para lograr una vida sana y feliz. Actualmente se vende como en un supermercado: narices chiquitas, labios carnosos, senos abultados y vientres planos. Todo esto dice por detrás “Lo que tú eres está mal, necesitas otra nariz, otras nalgas y otra piel para ser feliz”. La autoestima no puede depender de imposiciones externas. Se puede acceder a este tipo de cirugías con facilidad, dejando a un lado lo que es verdaderamente importante: aumentar el cariño a sí mismo, en proporción equitativa con la preocupación por la imagen que proyectamos a los otros.

En el mundo este tipo de operaciones se venden como pan caliente en lugares en donde, no necesariamente se hace bien el pan. Según un informe de la Asociación Norteamericana de Cirugía Plástica y Reparadora (ASAPS), una de cada 5.000 liposucciones practicadas en Estados Unidos en los últimos años ha terminado con la vida del paciente y se está practicando en circunstancias cada vez más precarias, debido a su gran popularidad. Es importante conocer los riesgos de cada intervención e investigar si el centro en el que va a ser realizada cuenta con equipo de emergencia para cualquier complicación. La hermanastra de la Cenicienta no necesitaba terapia intensiva para su corte en el talón, pero muchas operaciones como la liposucción, sí. Cuando un ser querido en perfecta salud muere “cortándose el talón” en un centro estético, uno se pregunta hasta que punto los cuentos de hadas no son tan lejanos de la realidad. Aunque a veces, la Cenicienta no pueda ser encontrada al final por el príncipe, porque duerme un sueño eterno sobre una mesa de operaciones.

(Artículo publicado en la revista ecuatoriana BG Magazine PLASTIC)